¿Los estudiantes más felices son aquellos que tienen mejor rendimiento académico?

Con frecuencia se dice que el principal interés de muchos de los padres es que los niños sean felices. Buscan diferentes opciones para garantizar que ellos sean exitosos y estén en un ambiente que les genere felicidad y con esta, estabilidad emocional y social, en donde haya un desarrollo del ser pleno en todas sus dimensiones. Sin embargo, pareciera que existiera una piedra en el camino, cuando el nivel y la exigencia académica empiezan a incrementar a medida que los años escolares van pasando y que nuestros niños van creciendo. Es en ese punto en dónde surge la pregunta: ¿Los estudiantes pueden ser felices cuando se les exige académicamente? No contentos con ese gran interrogante, surge otro que es igual de significativo y que ocupa la mente de muchos: ¿Los estudiantes más felices son aquellos que tienen mejor rendimiento?

Se vuelve necesario precisar que, si bien ser exitoso académicamente implica, en la mayoría de los casos, una vida profesional consolidada y con los requerimientos necesarios para enfrentar y afrontar los retos que el mundo trae consigo. No es posible dejar de lado el desarrollo emocional de los niños y su estabilidad, el buscar que sean felices. Y es aquí, en donde es relevante mencionar algunos aspectos de suma importancia.

Cada niño es diferente en su ser y en su desarrollo, lo que para unos es más divertido, para los otros no lo es tanto. Lo que unos disfrutan otros no y las maneras en las que aprenden, enfocan su atención y realizan actividades también son diferentes. Es más, la forma en la que asumen sus responsabilidades y el día a día difiere totalmente del resto de sus compañeros. Así que la felicidad de los niños y adolescentes depende directamente de hecho de que reconozcamos que en su esencia es único, que tiene necesidades específicas, y que la clave para ser feliz radica en el entorno en el que crezca. En lo que los adultos podamos construir para ellos, desde el entender que sus interese son diferentes a los nuestros y que su progreso difiere del nuestro. Cuando el estudiante es tenido en cuenta y ocupa el centro de las miradas, cuando se piensa en lo qué es mejor para él y se logra encontrar un balance en el desarrollo de todas sus dimensiones: social, espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa.

Ahora bien, lo anterior no quiere decir que no se deba exigir académicamente. Pues la exigencia presupone disciplina, constancia y perseverancia, aspectos claves para ser exitosos en el día a día, en la vida profesional. Al tener pautas de crianza hábitos y rutinas de estudio establecidos genera que los niños y adolescentes sean organizados y tengan una mejor planeación del tiempo y estructuración mental; lo que permite que sean capaces de afrontar y asumir cualquier tipo de asignación académica y así ser exitosos. Además, es necesario tener en la mirada que lo que se pretende es que los estudiantes aprendan a pensar, a tomar el conocimiento y transformarlo, construir con él.

El punto está en lograr encontrar el equilibrio, en ser sabios a la hora de generar un ambiente sano y armónico, de proporcionarles estabilidad emocional y darles las herramientas de reflexión necesarias para que sean fuertes y decididos, para que sean felices. Pero también, para exigirles y reconocer que el mayor límite en el desarrollo y proceso es impuesto por los adultos.

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