¿Se aprende a ser feliz?

Para el Gimnasio Campestre los Cerezos, la respuesta es sí. Pues la felicidad no es un estado, sino una forma de vivir que se construye con cada una de nuestras acciones, pensamientos y actitudes frente a las circunstancias que la vida nos ofrece y es cada uno de nosotros, por tanto, quien toma la decisión de serlo.

En ocasiones, tendemos a ver la felicidad como la ausencia del dolor y pensamos en ella como sinónimo de perfección, pero ningún mar en calma hizo experto a un marinero y la felicidad se aprende durante las tormentas. Aprendo a ser feliz cuando tomo una actitud positiva frente a las adversidades, me preparo, me permito vivirlas y aprendo de ellas comprendiendo que son necesarias para mi crecimiento personal y para encontrar mi propio valor 1 . Cuando acepto que hay situaciones y cambios que no puedo controlar y permito que se desarrollen tal y como surgen, viéndolos como una oportunidad de aprendizaje; y también cuando me permito sentir y expresar las emociones, sentimientos y pensamientos que estas experiencias producen en mí, de forma asertiva y empática. Entonces para aprender a ser feliz necesitamos cambiar el ¿Por qué me sucede esto? Por ¿Para qué me sucede eso? y por ¿Qué aprendí y que me queda por aprender?

Así mismo, aprendo a ser feliz cuando dejo de gastar mi tiempo y mi atención en aquello que me falta y empiezo a valorar el aquí y el ahora, reconociendo que siempre está conmigo todo lo necesario para mi bienestar y aprendizaje 2 . Esto se traduce en renunciar a la queja, al reclamo y a la crítica constante, para pasar de ser víctima a ser protagonista de nuestra vida 3 . Aprendemos a ser felices cuando disfruto un amanecer desde la ventana de mi hogar, de mi oficina o incluso de mi automóvil; cuando en un día frio me permito sentir el vapor de mi bebida caliente, cuando veo a mis hijos dormir en mi regazo y escucho su respiración, cuando puedo tomar una ducha luego de un largo día… es decir, cuando aprendo a detenerme y me permito disfrutar y agradecer todas esas cosas pequeñas que a veces doy por sentado que siempre estarán ahí para mí.

Y es que no solo estamos convencidos de que la felicidad se aprende, también sabemos que se contagia. Cuando alguien aprende a ser feliz empieza a irradiar positivismo, alegría, tranquilidad, amor incondicional y gratitud; y esto tiene un impacto positivo en el otro creándose un efecto dominó 4 . El mundo es como nosotros lo creamos y necesitamos ser la imagen de lo que queremos ver, por eso nuestra invitación es a que aprendamos a ser felices y enseñemos a otros a serlo.

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